La secuela respiratorias más importante del COVID-19 es la disnea: la sensación de falta de aire que siguen teniendo algunas personas después de haber padecido esta enfermedad. La mayoría de las veces no existe una causa concreta para este problema, sino que es multifactorial.

Puede deberse a la afectación muscular que sufren muchas personas que han tenido COVID-19 y que deriva en la sensación de falta de aire. No es un síntoma propiamente respiratorio, aunque lo describe como una de la sensación de dificultad para respirar.

Otro aspecto a considerar como causa de estas secuela es la inactividad provocada por la enfermedad. Recordemos que muchas personas dejaron de hacer ejercicio durante la pandemia lo que ha llevado a que tengan un sistema músculo-esquelético debilitado.

Las secuelas neurológicas también pueden contribuir a una disminución de la fuerza muscular. En algunos casos, hay secuelas cardiológicas de la COVID-19. Por ejemplo se han descrito lesiones del músculo cardiaco y arritmias, que pueden condicionar una disminución de la función del corazón y que puede ser una causa más para la sensación de dificultad para respirar.

Sin embargo, la falta de aire puede producirse también por propia causa respiratoria. Sabemos que solamente puede suceder en las personas que han tenido COVID grave, que han estado con neumonías graves en terapia intensiva, con tratamientos de ventilación mecánica (entubado), internado mucho tiempo, etc.

En algunos casos, la propia inflamación de la neumonía deriva en una cicatrización de tipo fibrosis y que se observan en las radiografías o en las tomografías que se hacen en durante el seguimiento. A veces, las fibrosis pulmonares son extensas y se asocian a la dificultad respiratoria como una de las causas y otras veces son localizadas y no tienen consecuencia.

Por otro lado, algunas personas refieren tener dolores en el pecho o la espalda que son localizados, no constantes, y que no se ha encontrado ninguna causa relevante que le dé importancia a este síntoma.

También se ha visto de manera persistente la tos no productiva, que no responde a tratamientos estándares y que se puede quedar hasta por varios meses. En personas con cierta predisposición alérgica o asmática, existe también la posibilidad de que haya quedado un bronquio más sensible y tenga una hipersensibilidad bronquial con la tos.

El que una persona haya tenido una enfermedad respiratoria anterior a la COVID-19 no ha sido una condicionante a la hora de presentar o no secuelas. En este caso, se ha visto que ese antecedente ha sido más una señal de un peor pronóstico y mayor gravedad de la infección provocada por el virus


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