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¿Sabe cuál es el análisis de sangre más solicitado por los médicos?

El hemograma. La sangre se compone de varias sustancias. El hemograma es como una «fotografía» de los tres tipos principales de células que circulan en la sangre:

1. Los eritrocitos, o glóbulos rojos, cuya función es transportar el oxígeno por todo el cuerpo;

2. Los leucocitos, o glóbulos blancos, que son nuestras células de defensa;

3. Las plaquetas, que son responsables de la coagulación de la sangre.

¿Quiere ver lo fácil que es entender el hemograma y saber lo que significa?

La serie roja muestra la situación de los eritrocitos. La cantidad y la calidad. Para transportar el oxígeno directamente, los eritrocitos tienen que ser perfectos. Exactamente igual a un auto que debe estar con los neumáticos, aceite y motor funcionando muy bien. ¿Sabe lo que ocurre cuando los glóbulos rojos disminuyen o no están en buenas condiciones? El oxígeno no es transportado y no llega a las células. Por lo tanto, las células no trabajan bien y, en consecuencia, el cuerpo no funciona correctamente. Eso es la anemia. Por lo tanto, con un análisis de la serie roja el médico tiene mucha información importante y puede orientar el tratamiento correcto si hay cualquier tipo de anemia.

Los leucocitos o serie blanca muestran las defensas de nuestro organismo contra agentes infecciosos que en muchos casos son los virus o bacterias. Por eso, el hemograma también muestra los tipos y la cantidad de células que nos defienden de estos fármacos. Las principales células de defensa son los neutrófilos y linfocitos. Son nuestro ejército. Y en función de los porcentajes que figuran, el médico puede entender lo que nos está pasando.

Las plaquetas también son muy importantes. Cuando nos lastimamos y sale sangre, quiere decir que un vaso sanguíneo se ha roto. ¿Quién viene a “costurar” este vaso roto? Así es: ¡las plaquetas! Inmediatamente se forma una especie de «red» que cubre la rotura del vaso y evita que salga la sangre.

Comprender el funcionamiento de nuestro cuerpo es fascinante. No existe una «máquina» más perfecta. Por eso, ¡hay que cuidarlo!

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