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¿Es usted una persona supersticiosa?

¿Camina por debajo de una escalera? ¿Entra con el pie derecho al avión? ¿Toca madera tres veces para que no suceda algo indeseable? ¿Deja su cartera en el piso? ¿Tiene miedo de romper un espejo? Nada de esto suena lógico ¿no?. Pero no se imagina la cantidad de personas que de verdad lo creen. Quien alguna vez ha estado en los Estados Unidos, uno de los países más desarrollados del mundo, se habrá dado cuenta de que muchos edificios no tienen el piso 130. Muchos aviones se fabrican sin el asiento número 13. Después del asiento 12 viene el 14. Y, al que le toca el 14, se queda tranquilo…¡después de todo, no es el 13!

Por más irracional que pueda parecer, evitar estas supersticiones tranquiliza a muchísimas personas. Y aquí cabe una pregunta: ¿qué nos hace creer en lo que no es lógico, en hechos mágicos y no racionales?

Los niños tienen un pensamiento «mágico» que les permite creer en historias, situaciones o personajes que se introducen en el contorno de lo real. Papá Noel, el conejito de Pascua, princesas, héroes o animales que hablan y conversan son, en la cabeza de los niños saludables, absolutamente reales. No sólo eso. La imaginación mágica de los niños puede ir más lejos. Juegue con ellos dígales que un boligrago se puede convertir en cohete que puede llegar a la luna. ¡Ellos se la creen!

El pensamiento mágico va cambiando gradualmente y en paralelo al crecimiento y al desarrollo de los niños, dando paso al pensamiento racional, enteramente basado en pruebas reales y concretas. Un día entendemos que Papá Noel no existe. Hemos crecido, pero…no perdemos completamente nuestro «pensamiento mágico». Jugamos en la lotería contra todas las probabilidades matemáticas racionales. ¡Y todavía hacemos planes de lo que vamos hacer con el premio!

La superstición también tiene un componente «mágico». Como niños grandes, creemos. El raciocinio es: «daño no me hace». La verdad es que no le veo nada de malo, mientras uno no limite sus actividades diarias debido a esto.

¡Imagine y sueñe con COSAS BUENAS. Todos necesitamos un poco de esta «magia».

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