No se crea el cuento ese de que mi abuelita fumó hasta los 90 años y nunca le pasó nada, ni siquiera los fabricantes de cigarrillos se la creen a estas alturas. Además de los riesgos bien conocidos de enfermedad cardíaca y cáncer, fumar acelera la pérdida de densidad ósea y restringe el flujo sanguíneo, corriendo más riesgo de amputación