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¡Aprendamos a escuchar!

Escuchar a una persona es un valioso regalo…sin juzgar, ni aconsejar, ni tan siquiera intentar dar soluciones. Cuando escuchamos de esta manera, respetamos a la persona, reconociendo que su experiencia es única. Ofrecer el regalo de la escucha significa que escuchamos a los demás porque nos importan y quisiéramos comprender cómo se sienten y lo que piensan.

Cuando la otra persona se siente escuchada, puede contarnos sus vivencias tal y como las siente, en vez de relatarlas disfrazadas para ganar nuestra aprobación y evitar nuestra crítica. Cuando un paciente en la consulta sabe que no se le va juzgar, diga lo que diga, entonces ya no le preocupará hablar de su enfermedad de modo que evite ser juzgado. Además, cuando escuchamos sin juzgar a otra persona, eso le facilita que empiece a escucharse a sí mismo.

En la mayoría de las conversaciones escuchamos una pequeña parte del tiempo y hablamos el resto. En la conversación normalmente dedicamos mucho más tiempo pensando lo próximo que vamos a decir en vez de escuchar atentamente lo que la persona nos está diciendo. Otro problema es que cuando escuchamos, tendemos a responder a lo que la otra persona nos dice, dándoles nuestra opinion o consejo y ofreciéndole nuestra ayuda. Esto hace que la persona que habla, se enfoque en las opiniones o consejos de la otra persona en vez de limitarse a expresar sus ideas y sentimientos.

Lo que tenemos que hacer es quitarnos de encima nuestro hábito de conversación cotidiana y ponernos en situación de un buen escucha. Muchas personas enfermas, manifiestan que tienen muy pocas oportunidades de hablar sobre lo que significa vivir con una enfermedad a alguien que simplemente escuche sin dar opiniones ni consejos. Si queremos ofrecer el regalo de la escucha a una persona enferma, podemos preguntar: ¿qué es lo peor de vivir con la enfermedad? ó ¿qué es lo que más le gustaría que otros entendieran sobre lo que supone vivir con su enfermedad? Cuando la persona responda a sus preguntas, trate de no dar consejo, opinions, ni juzgar. La pregunta no es tan importante como nuestra actitud y deseo de escuchar. Ofreciendo a alguien este simple regalo de la escucha quedaremos asombrados de los resultados.

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